Vivir a mi manera
No quiero una vida de escaparate, de esas que parecen perfectas cuando se miran desde lejos.
Quiero la mía.
Con sus días de tacones y sus noches de andar descalza, con alguna lágrima rebelde y muchas risas de esas que hacen olvidar hasta la hora.
He aprendido que la vida no se trata de tenerlo todo, sino de saber reconocer lo que de verdad vale la pena.
Una conversación que llega al alma.
Un café tomado sin prisa.
Una persona que se queda sin que tengas que pedirle que lo haga.
Y esa paz que aparece cuando por fin dejas de insistir donde ya no florece nada.
Ya no quiero convencer a nadie
de quién soy.
A estas alturas, prefiero que me quieran como soy:
Con mis manías, mis silencios,
mi forma de sentir demasiado,
mi risa cuando algo me hace gracia y ese carácter que aprendí a cuidar después de tantas veces, haberme puesto en último lugar.
La vida me ha enseñado que soltar no siempre es perder. A veces es ganar libertad.
Que empezar de nuevo no es volver al principio, porque una nunca vuelve siendo la misma.
Y yo ya no soy la de ayer.
Soy todas las veces que me levanté, todos los caminos que no elegí, todos los “no” que me salvaron, todos los “sí” que me devolvieron la ilusión.
Por eso hoy camino diferente.
Sin correr detrás de nada.
Sin mendigar presencia.
Sin hacerme pequeña para caber en la vida de nadie.
Quiero disfrutar lo que venga,
sorprenderme todavía, querer bonito, reír fuerte y guardar en la memoria esos pequeños instantes que nadie fotografía
pero que terminan siendo los más importantes.
Y si la vida me pregunta qué quiero de ella, le diré:
– No me prometas que será fácil.
Prométeme solamente que todavía habrá motivos
para sonreír. –
Lo demás…
Ya sabré vivirlo a mi manera.
© María Eugenia Rojas Alegría

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