Gracias por mi vida
Hoy miro mi vida y sonrío...
No porque todo haya sido perfecto, sino porque aprendí a descubrir belleza incluso en los días difíciles.
Agradezco cada amanecer, cada abrazo sincero, cada conversación que me hizo reír, cada persona que llegó para quedarse y también aquellas que se fueron dejándome una enseñanza.
Agradezco haber amado, haber soñado, haber llorado y haber vuelto a sonreír.
Agradezco las veces que la vida me cambió el camino, porque algunos desvíos me llevaron exactamente donde necesitaba estar.
Hoy no quiero contar mis pérdidas, quiero contar mis bendiciones.
Tengo recuerdos que me hacen sonreír, personas que ocupan un lugar especial en mi corazón, sueños que todavía me ilusionan y una vida que, con sus luces y sus sombras, sigue siendo un hermoso regalo.
Ya no necesito que todo salga perfecto para sentirme feliz.
He aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas:
un café tranquilo,
una palabra bonita,
una tarde de sol,
una risa inesperada,
un mensaje de alguien querido,
la paz de saber que estoy donde quiero estar.
Y sobre todo, agradezco haber llegado hasta aquí siendo todavía capaz:
de querer,
de ilusionarme,
de perdonar,
de reír
y de mirar el futuro con esperanza.
Hoy abrazo mi historia completa.
Lo bueno.
Lo difícil.
Lo que llegó.
Lo que se fue.
Lo que entendí tarde.
Y todo aquello que todavía estoy aprendiendo.
Porque cada capítulo me convirtió en quien soy.
Y hoy puedo decir, con el corazón tranquilo:
¡Gracias, Dios mío!
Gracias por lo que me diste,
por lo que me enseñaste,
por tus bendiciones
y por todo lo hermoso que todavía está por llegar.
Hoy elijo ser feliz.
Sin esperar un día perfecto.
Sin necesitar tenerlo todo.
Simplemente feliz por estar aquí,
por seguir soñando,
por seguir amando
y por tener un corazón que todavía sabe agradecer.
Y mientras tenga un nuevo amanecer, tendré una razón más para sonreír.
© María Eugenia Rojas Alegría

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